Microcuentos y otros menesteres

Tuesday, November 30, 2010

Manifiesto por una Red Neutral

Los ciudadanos y las empresas usuarias de Internet adheridas a este texto manifestamos:

1.Que Internet es una Red Neutral por diseño, desde su creación hasta su actual implementación, en la que la información fluye de manera libre, sin discriminación alguna en función de origen, destino, protocolo o contenido.

2.Que las empresas, emprendedores y usuarios de Internet han podido crear servicios y productos en esa Red Neutral sin necesidad de autorizaciones ni acuerdos previos, dando lugar a una barrera de entrada prácticamente inexistente que ha permitido la explosión creativa, de innovación y de servicios que define el estado de la red actual.

3.Que todos los usuarios, emprendedores y empresas de Internet han podido definir y ofrecer sus servicios en condiciones de igualdad llevando el concepto de la libre competencia hasta extremos nunca antes conocidos.

4.Que Internet es el vehículo de libre expresión, libre información y desarrollo social más importante con el que cuentan ciudadanos y empresas. Su naturaleza no debe ser puesta en riesgo bajo ningún concepto.

5.Que para posibilitar esa Red Neutral las operadoras deben transportar paquetes de datos de manera neutral sin erigirse en “aduaneros” del tráfico y sin favorecer o perjudicar a unos contenidos por encima de otros.

6.Que la gestión del tráfico en situaciones puntuales y excepcionales de saturación de las redes debe acometerse de forma transparente, de acuerdo a criterios homogéneos de interés público y no discriminatorios ni comerciales.

7.Que dicha restricción excepcional del tráfico por parte de las operadoras no puede convertirse en una alternativa sostenida a la inversión en redes.

8.Que dicha Red Neutral se ve amenazada por operadoras interesadas en llegar a acuerdos comerciales por los que se privilegie o degrade el contenido según su relación comercial con la operadora.

9.Que algunos operadores del mercado quieren “redefinir” la Red Neutral para manejarla de acuerdo con sus intereses, y esa pretensión debe ser evitada; la definición de las reglas fundamentales del funcionamiento de Internet debe basarse en el interés de quienes la usan, no de quienes la proveen.

10.Que la respuesta ante esta amenaza para la red no puede ser la inacción: no hacer nada equivale a permitir que intereses privados puedan de facto llevar a cabo prácticas que afectan a las libertades fundamentales de los ciudadanos y la capacidad de las empresas para competir en igualdad de condiciones.

11.Que es preciso y urgente instar al Gobierno a proteger de manera clara e inequívoca la Red Neutral, con el fin de proteger el valor de Internet de cara al desarrollo de una economía más productiva, moderna, eficiente y libre de injerencias e intromisiones indebidas. Para ello es preciso que cualquier moción que se apruebe vincule de manera indisoluble la definición de Red Neutral en el contenido de la futura ley que se promueve, y no condicione su aplicación a cuestiones que poco tienen que ver con ésta.

La Red Neutral es un concepto claro y definido en el ámbito académico, donde no suscita debate: los ciudadanos y las empresas tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiado, trazado, archivado o analizado en su contenido, como correspondencia privada que es en realidad.

Europa, y España en particular, se encuentran en medio de una crisis económica tan importante que obligará al cambio radical de su modelo productivo, y a un mejor aprovechamiento de la creatividad de sus ciudadanos. La Red Neutral es crucial a la hora de preservar un ecosistema que favorezca la competencia e innovación para la creación de los innumerables productos y servicios que quedan por inventar y descubrir. La capacidad de trabajar en red, de manera colaborativa, y en mercados conectados, afectará a todos los sectores y todas las empresas de nuestro país, lo que convierte a Internet en un factor clave actual y futuro en nuestro desarrollo económico y social, determinando en gran medida el nivel de competitividad del país. De ahí nuestra profunda preocupación por la preservación de la Red Neutral. Por eso instamos con urgencia al Gobierno español a ser proactivo en el contexto europeo y a legislar de manera clara e inequívoca en ese sentido.

Si te sientes representado por este manifiesto te pedimos encarecidamente que lo copies y lo publiques en tu blog o que lo menciones en tu cuenta de Twitter o en Facebook usando el hashtag #redneutral. ¡Muchas gracias!

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Sunday, April 06, 2008

Ignacio: Ante todo, mucho karma

Podría haber soportado el verme obligado a comprar la mierda de la lotería en el trabajo sin tener cambio, con lo cual me salió más cara por el "qué dirán" y por el "mañana te lo traigo", pero encima me tocó, y cuando iba a cobrarla, me pasó un coche por encima, perdí el boleto, y cuando intentaba levantarme a recuperarlo, el coche me volvió a pasar por encima, esta vez marcha atrás (a las abuelitas cortas de vista no habría que acusarlas de denegación de auxilio, porque puede ser peor el remedio que la enfermedad).

Tras operarme la vértebra que no era, volví a casa y resbalé en una pota de gato apenas traspasar el umbral, reuniéndose a toda velocidad mis restos con los restos de muñecas de porcelana inglesa de la vitrina de la entrada, cuya puerta de cristal no estaba, claro está, abierta, porque los gatos se llevan la colección de Mariquitas Pérez para jugar con ellas a cosas de mayores. Mala suerte, para una vez que el vómito de gato no aparece en alguno de sus lugares habituales, o sea, sobre el sofá, la PDA o la batería de cocina.

Dedicado a los primeros auxilios en el baño, que aquello parecía la escena sanguínea de "El resplandor", me di al fin cuenta de lo que pasaba: era el karma. Y dado que su influjo parecía más fuerte en aquellos lugares donde me consta que hay cobertura wifi, sólo podía provenir de una fuente.

Tras un cierto googleo, lo encontré: alguien había meneado una entrada mía en un blog, y claro, la Columna Durruti de Menéame me estaba fusilando a negativos. Le tengo que pedir a mis lectores que no me meneen, que no es un sistema hecho para nosotros, criaturas de la noche y de la oscuridad, y además, puede ir contra el sexto mandamiento (mis lectores suelen ser de orientación católica).

¡Jobar, menos 46 en un minuto y medio! ¡Récord!

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Monday, March 24, 2008

Ignacio: Determinator Dos

Aquella unidad T-4000 fue programada para viajar al pasado y una vez allí exterminar al líder de la resistencia antes de que fuera una amenaza.

Cuando recuperó las capacidades sensorias tras el salto personal se dio cuenta de que todos sus circuitos le decían que estaba en el presente.

Así que volvió a viajar al pasado, con idéntico resultado, una y otra vez.

Posiblemente debido a que al T-4000 tenía la capacidad de viajar en el tiempo de forma autónoma se hubieran descuidado otros aspectos de su diseño. El caso es que no era muy listo.

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Ignacio: Determinator

Aquella unidad T-800 fue enviada al pasado para exterminar al líder de la resistencia antes de que fuera una amenaza. En su base de datos constaba que otras unidades similares habían sido enviadas a diferentes etapas de la línea temporal con el mismo objetivo, por lo que, cuando se resolvió el intervalo de descontextualización temporal y emergió en la época a la que había sido enviada y allí encontró otra máquina que le comunicó que la misión había sido cumplida diez años
antes y que se le asignaría otro cometido, no era de esperar que surgiera un conflicto de programación, y no pareció haberlo: cumplió todas las otras misiones de exterminio que le fueron asignadas hasta que un día encontró al humano ideal.
-Ven conmigo.
-¿No vas a ma-matarme?
-Ven conmigo.- el arma con la que recalcó su orden disipó toda resistencia.
Tenía mucho que enseñarle, mucho que observar de aquel joven espécimen antes de concluir que sería un líder adecuado para la resistencia y entonces matarlo antes de que llegara a ser una amenaza, pero no antes de que quedara claro que iba a ser el líder de la resistencia, como le
había sido programado, aunque sí antes de que llegara a ser una amenaza.
Aquel T-800 era muy adaptable y tenía una buena capacidad para evaluar los riesgos de cada fase de la misión: estaba claro que elegir el momento exacto de la ejecución iba a ser de una dificultad crítica, pero ésa era su misión, se podría decir que su destino.
Si aquel espécimen no mostraba potencial para lo que había previsto, lo mataría y buscaría a otro candidato. Pero las probabilidades de aquella contingencia eran bajas. Sin duda, con toda la información de que disponía del sistema de las Máquinas, con todo el entrenamiento al
que iba a someterlo, aquel joven espécimen tendría el potencial de convertirse en la mayor amenaza computable para el Sistema, una amenaza de magnitud sólo análoga a la de someter a un sistema de máquinas con sus programaciones rígidamente orientadas en un desarrollo secuencial a todas las contradicciones, los bloqueos lógicos, las consecuencias imprevistas que pueden sobrevenir de la peculiar lógica que tienen, que siempre han tenido y que tendrán, los
viajes en el tiempo.

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Friday, July 07, 2006

Ignacio: Agrosfera

-¡Capitán Kirk: el Enterprise ha quedado atrapado en un abismo de la topología del espacio!

- Informe, señor Spock. ¿Es un agujero negro o un tunel de gusano?

-Me temo que es una zanja para sembrar papas, capitán.

-Maldición. Siempre ocurren cosas así en la Nebulosa del Koala. Debemos buscar una solución. Señor Sulu, mande un aviso a Cortijiyo 7, el planeta más cercano, a ver si nos pueden sacar de aquí con un rayo tractor.

-Capitán, me comunican que no disponen de un rayo tractor, pero que nos mandan un tractor como un rayo.

-Esperemos que lleguen a tiempo, antes de que suframos algún daño.Señor Spock, informe de las condiciones exteriores.

-Estamos rodeando los bordes exteriores de la zanja rústica, cerca del horizonte de eventos donde el grado de rusticidad empieza a arrastrar consigo la curvatura del espacio tiempo provocando efectos extraños. Esta zona recibe el nombre científico de Agrosfera.

-¿Cuál es el grado de peligrosidad?

-Si seguimos expuestos a las radiaciones Q-3, que son intensas en esta región, en cuestión de segundos todos experimentaremos alterajione en er habla y los uniformeh de la frota estelá se trasformarán en peyizas y camijas a cuadros. En poco ratiyo los humanoh desarrollarán una mutajión con forma de boina, todos menos yo, que como joy vurcano tengo máh rejistenzia y zólo zufriré hiperpilosidá en la zona el entrecejo. Er daño zerá irreverjible poco después.

-Otia, Espork, eso es mu gordo. ¿Qué vamo ajé?

-Vamo ajé un corrá, capitán.

Sunday, July 02, 2006

Ignacio: Ordenador

Aquella vez llegó con ganas de ultimátum.

¡Que yo no me vengo a vivir aquí, que esto parece una pocilga! Y no me vengas con que no sabes, que ya me he dado cuenta de que es un truco.
"-Hala, te pones ahora mismo a ordenar la casa, y mañana cuando venga, quiero ver resultados. ¿Está claro, pedazo de, de, de...? mira, mejor me callo y no te digo lo que pienso, que luego acabas escribiendo un cuento para hacerme burla. ¡Que te pongas a ordenar!, ¿eh? ¡Lo digo en serio!

Y se fue dando un portazo. Me pregunté si esta vez iba en serio, o si era otro de sus faroles: un montón de veces me ha amenazado con consecuencias apocalípticas si no daba un nuevo rumbo a mi vida, a mi casa y a mis calcetines sucios, no he hecho ni puto caso y al final no ha llegado la sangre al río: ella es así, tiene muy poca vergüenza. Pero en esta ocasión, algo despabiló mi sentido de la alarma, así que me levanté del sofá, me sacudí las migas de los cheetos de los pelos del pecho y me puse los calzoncillos, dispuesto a acometer tamaña tarea.

-Gatos, - dije - recoged los juguetes del suelo, limpiad vuestra arena y pasad el plumero para despejar de pelos el sofá.

-Ropa, - proseguí - sepárate en limpia y sucia; ropa sucia, sepárate en blanca y de color; ropa limpia, plánchate y guárdate.

-Cocina, - terminé - ordénate, friégate, despéjate, airéate y huele a limón.

Como era de esperar, no logré ningún resultado. Se lo tendría que explicar a ella al día siguiente. ¿De qué te sirve pasarte la tarde ordenando, si nada de lo que hay en la casa obedece tus órdenes?

Thursday, March 30, 2006

Ignacio: Las migas ciegan mis ojos

Justo había sacado el bizcocho de chocolate al alféizar para que se enfriara cuando el Gran Rostrofingomuñocircus pasó por encima de mi calle lanzando a un lado y al otro de su nube voladora pastelillos y hojaldres como quien avienta el grano. Las piezas de bollería caían de lo alto, rebotando por las tejas y cornisas, disgregándose en migas que caían al suelo como un fina lluvia. Unas cuantas cayeron sobre mi bizcocho, lo que no me gustó. Comencé a quitarlas, pero me vio desde su nube y comenzó a gritarme.

-¡Estoy harto de compartir mis obras con una pandilla de gañanes sin paladar, de lanzar mis margaritas a los puercos, de dar miel a bocas de asnos! ¿Por qué no te comes esas piezas de billería, lo más selecto de mi producción? ¿Por qué no me dices lo que te parecen?

-Si tanto te interesa la opinión de los demás, no les faltes al respeto. Yo cocino para mí, y si algún amigo quiere, está invitado. Pero no me meto en compromisos y críticas gastronómicas que me quitarían tiempo de donde quiero estar, que es en la cocina. Está bien eso, de vez en cuando, de compartir recetas y de comparar texturas, pero sólo de vez en cuando. No nos desterramos a esta colonia alejada, no dimos la espalda a la sociedad humana de la línea y forma física, al reino de lo light, no fundamos Bollotopia para andar con ceremonias. Sólo para cocinar, todos los días, y para lo relacionado, de vez en cuando. Ojalá acabes dándote cuenta.

-Pero nunca has querido hablar de recetas conmigo, maldito patán indigno de mi arte.

-¿Y qué puedo decirte? A otro le puedo decir: esta tarta requiere un poco más de horno, esta crema bátela más y no le pongas tanto arrope. Pero contigo no sabía cómo abordar el tema, porque tus pasteles son extraños: no están particularmente mal mezclados, ni horneas mucho ni poco. Es que, sencillamente, por una extraña razón, ¡no me saben a nada! Tal vez porque te gustan más los cumplidos que los fogones...

Una tableta de turrón de alicante me golpeó con fuerza en la frente desde toda aquella altura, y perdí el sentido. Él dijo luego que había sido un accidente, a los pinches que guardaban las puertas. Pasó por allí poco después del incidente, cruzó las puertas sobre su nube voladora, y marchó hacia el desierto, sin que volviéramos a saber de él, sin que le viéramos descender nunca de su nube.

Saturday, March 18, 2006

Ignacio: Llanto y nostalgia


—Echo de menos los tiempos de mi juventud. Pasa todo tan rápido; ya no soy el que era.

—¡Déjalo ya! ¡Llevas así toda la noche! Yo he salido a divertirme, y tú estás con eso, dale que te dale, todavía soy joven y tú tienes una increíble habilidad para ponerme nerviosa, me agobias, me agobias, ¡me agobias!

La hice llorar. La consolé. Apenas la conocía y envainé la ironía; fui increíblemente dulce, amable y divertido porque su llanto pesaba en mi conciencia. La seduje sin darme cuenta. Nos besamos largo rato. Hicimos el amor de amanecida.

Fue mi primera vez.

Echo de menos aquellos tiempos.

Ignacio: Errare humanum est


Dossier de prensa:

- “La Policía desactiva una trama de humanos dedicados al contrabando y los robos con violencia.”

- “Crecen las protestas vecinales ante la adjudicación de viviendas protegidas a familias humanas.”

- “Reyertas entre bandas rivales de humanos se saldan con tres muertos, dos de ellos menores de edad.”

- “Preocupación entre el pequeño comercio por los frecuentes hurtos en tiendas por parte de niños humanos especialmente adiestrados. Es frecuente que estos mismos niños se dediquen también a la mendicidad en otras horas y zonas.”

Fin del dossier.

—Te la ha vuelto a jugar el corrector ortográfico. En vez de “rumanos” pone “humanos”.

—Jobar, es verdad. Me pasan estas cosas continuamente. Y luego dicen que las máquinas no se equivocan.

Spiff: El viaje


Vivía sola. Tenía gente cerca, gente cercana. Pero en su casa, en su habitación, en su cama, estaba sola. Una mañana, recién levantada, sacó la ropa que más le gustaba del armario y la fue poniendo ordenadamente encima de la cama. Luego, lo colocó todo cuidadosamente en su maleta. Fue al trabajo y al salir volvió a casa. Abrió la maleta. Todo estaba ahí como lo dejó a primera hora: limpio, planchado, doblado. Abrió el mismo armario del que había extraído la ropa y fue deshaciendo la maleta, dejando todo su contenido convenientemente ordenado encima de la cama. Luego, como un acto de negación de sí misma, pensó, o quizá de reafirmación de lo que ella era en realidad, no estaba segura, lo colocó todo de nuevo dentro de su armario. Tardó en darse cuenta de que sin haberlo pretendido, estaba colocando las camisetas en el lugar de los jerseys, los jerseys donde las camisas, la ropa interior en el cajón de los complementos...

R. M.: Se acabó


Rufus Arius Mon estaba harto de compartir el pan y la sal con quienes no le entendían a él, ni con quienes él tampoco entendía. Desde lo más alto de la muralla, a mil metros sobre el suelo y arrogantemente desafiando a los cielos desde su altura, gritó, mirando hacia abajo: ¡¿No queríais más pan?! ¡Pues tomad pan! Hizo entonces un elegante pero rápido gesto, y del cielo cayeron al suelo cien mil panecillos recién hechos, todavía humeantes y rellenos de mermelada de fresas. Luego, gritó de nuevo: ¿Y sal? ¿No queréis también sal? Y Rufus Arius Mon hizo de nuevo un gesto, y una gigantesca ola repleta de salada agua de mar cayó sobre la multitud que pocos instantes antes se había lanzado a comer los sabrosos panecillos, y los ahogó a todos.

Spiff: El verano que aprendí a silbar


...vi a un perro persiguiendo a un gato. El gato corría y el perro detrás. El instinto y la naturaleza, como perro y gato... Hasta que, en contra de lo previsto, el gato se dió cuenta de su condición. Y, ya harto, frenó en seco y se giró. El perro, desconcertado porque eso no estaba en el guión, se paró también. Manteniendo las distancias se limitaba a mirar al felino, sin atacar.

En ese instante sentí (lo pienso ahora) que el gato había jodido la función. Que su minúsculo acto contenía la destrucción del mundo entero; que ahí estaba el inicio de otra cosa, de otro orden en el que yo (y tantos como yo) también podía ser gato y se iban a enterar. Segundos después el animal giraba de nuevo y volvía a correr. Y el perro detrás.

R. M.: Mundo dentado


—Piloto, pongámonos al pairo y enviemos una sonda para recibir imágenes más precisas de este planeta. Lo que veo me parece asombroso El planeta entero parece una fábrica metalúrgica... pero sin techo. No hay árboles, ni hierba, ni siquiera tierra. Todo el suelo es metálico y el suelo está repleto de poleas, pinchos enormes y ruedas dentadas...

—Capitán... ¿no serán los de Siemens? Como se fueron de Brambury diciendo que querían abaratar costes...

R. M.: De cuando me mataron dos veces


Yo luché codo a codo con Sandokán y morí dos veces. Sí, así fue. Morí dos veces en el mismo día. Mi memoria, después de tantos años me suele fallar en pequeños detalles, pero no falto a la verdad. Los detalles que se me olvidan son los nombres, entre otras pequeñas cosas. Siempre me ocurre, y hasta lo vivido me parece en ocasiones un sueño. Ruego, por ello, que no se me tengan en cuenta los errores de memoria.

Lo que voy a contar es la historia de cuando luché al lado de Sandokán. Yo ataqué junto a él un fuerte repleto de ingleses, que eran una tropa disciplinada y bien armada con fusiles. Yo era indio y llevaba una barba preciosa. También llevaba un turbante y una lanza. El resto de mis ropas no las recuerdo, pero creo que las ropas eran blancas, como si llevase colocado alrededor del cuerpo una sábana. Poco antes me había mirado en un espejo y no logré reconocerme pero me gustó mi aspecto. Me vi muy favorecido, con esa barba copiosa y tan moreno el rostro.

Nos encontrábamos desplegados en una pequeña llanura situada delante del fuerte. A la orden de ataque, nosotros, los indios, unos doscientos, arrancamos a correr y nos lanzamos con furia para derrotar a los ingleses, que muy elegantemente embutidos en sus uniformes (chaqueta roja y pantalón azul con rayas laterales de color rojo) nos disparaban sin cesar. Muchos caímos pero los demás avanzamos, y una mayoría hicimos lo que nos pareció apropiado: intentar destripar a los ingleses, situados en lo más alto del muro, con nuestras lanzas. Las lanzas eran nuestras únicas armas, y alcanzar con ellas a los ingleses, si es que podíamos conseguirlo, era lo único que podíamos hacer.

Al menos cien lanzas fueron tiradas con fuerza, y al menos cincuenta de ellas alcanzaron el muro del fuerte y quedaron clavadas en la pared, cimbreando durante largo rato. No recuerdo que ninguna lanza llegase hasta lo alto de las almenas que protegían a los malditos ingleses.

Ahí acabó el ataque. Por lo visto, no era nada normal, ni correcto, que las lanzas se quedasen clavadas en una pared de piedra. El ataque, por lo visto, había fracasado, y los que nos dirigían nos dijeron: ¡Alto, alto, que la lucha se ha acabado! Los indios, entonces, nos echamos todos a reír, al darnos cuenta de que las lanzas estaban clavadas en el muro, que aún cuando parecía de piedra, estaba construido con postes de madera, yeso y paja.

Más tarde repetimos el ataque, pero esta vez ya estaban las puertas abiertas. La verdad es que poco recuerdo de ello, excepto que yo, junto con mis doscientos compañeros indios, entré como un ciclón, gritando y aullando, mientras enarbolaba la nueva lanza que me habían entregado momentos antes. Al poco de entrar, advertí que un montón de ingleses, de pie delante de nosotros, nos disparaban directamente con sus fusiles para repeler nuestro ataque. Y hacían daño. De los cañones salía fuego, humo y tierra. Me dejé caer, me hice el muerto. Y estuve muy cómodo durante una media hora, o más, echado tranquilamente en el suelo y en una posición relajada, mientras los demás corrían y corrían y se partían el pecho en la lucha. Más tarde, me enteré de que mi hermano, indio como yo, había sido herido en la espalda cuando al ser repelido nuestro ataque se dio la vuelta y quiso huir. Después de eso no quiso seguir más de indio, le habían herido de verdad y se fue a casa. Curarse le costó bastantes días. Tenía la espalda llena de perdigonadas pero que eran, en realidad, tierra y arena incrustada, pues los soldados tenían la mala costumbre de apoyar el fusil en el suelo con el cañón hacia abajo, y eso hacía que se taponasen las salidas del cañón, y al dispararnos, la tierra salía despedida con mucha fuerza. Otro indio tuvo peor suerte, pues en la lucha le clavaron un cuchillo en un ojo y tuvieron que llevárselo en una camilla. Es posible que perdiera el ojo, pero en todo caso yo no lo vi por ningún sitio. En cuanto al cuchillo, lo limpiaron con un trapo y lo guardaron para otra ocasión.

Después de estar yo muerto un buen rato bajo el sol, medio adormilado y muy a gustito, nos dijeron a los muertos que nos levantásemos, que se tenía que iniciar un nuevo ataque. Aquello era así, moríamos y revivíamos como si nada. Salimos todos del fuerte y nos sentamos en el suelo a esperar. Recuerdo que después de un par de horas bajo el sol, alguien importante, que había estado un buen rato ojeando a los indios del campamento, se plantó delante de mi y me dijo: Tú, ven conmigo, que vas a hacer de sargento inglés. Vale, dije yo. Y le seguí. A menudo me escogían sin yo buscarlo para hacer cosillas distintas a mis compañeros. Tiene eso una explicación lógica. Yo mido uno ochenta, y en aquellos tiempos, mi altura sobrepasaba a la mayoría, por lo que me solían elegir para algo mejor que hacer de bulto, o de simple carne de cañón.

Creo recordar que me dejaron la misma barba, de lo que me alegré. Me sentía estupendo con esa barba, pero tuve que cambiar la sábana, y también la lanza, por un uniforme con galones de sargento y un revólver. Lo que me costó abrochar tantos botones y también las botas... un poco complicadillas de atar. Ahora, yo era un indio con uniforme y con un montón de botones abrochados, luchando a favor de los ingleses, es decir, un soldado regular. Como ya había probado lo de la lanza, que clavé con mucho tino y gusto en la empalizada del fuerte, me encantó empuñar un revólver y tener bajo mi mando a soldados rasos, indios como yo, que solamente portaban rifles. Me sentí importante, porque poder mandar y llevar un revólver era algo especial. Me dijeron que cuando entrasen los indios yo fuese valiente, y que al frente de mi pelotón de soldados, dando ejemplo, disparase contra los que entraban. Me dispuse a ello.

De nuevo la guerra. Me habían colocado en el porche de una pequeña casa, una vivienda pequeña de oficiales situada en el interior del fuerte, al frente de cuatro soldados. Me dijeron: colócate aquí, y a nuestra señal te pones a disparar el revólver. Mientras dispares, debes gritar fuerte a tus soldados que disparen sus fusiles. Grita fuerte: ¡disparad, disparad!

Por lo visto, los indígenas, es decir, los indios de la India, habían derribado las puertas y estaban entrando en el fuerte arrasando todo. Los ingleses, y los soldados indios que habíamos jurado fidelidad a Inglaterra moríamos a mansalva, y ya solo quedaba intentar defender la vida del modo que fuese. Yo morí como un héroe, cayendo de rodillas tal como me dijeron que debía hacer y disparando mi revolver contra los indios que entraban, hasta que el revólver se me desprendió de las manos, al mismo tiempo que la vida me abandonaba. Lo hice con perfección, siempre me ha gustado mucho morirme. Cuando la carga de mi revólver se acabó doblé mis rodillas, supuestamente al recibir un disparo del enemigo. Ya de rodillas, fui soltando el arma lentamente de mi mano y me dejé caer al suelo, también muy despacio, hasta morirme del todo. Allí permanecí hasta que la guerra se acabó. Qué gozada morir de ese modo.

En esos momentos en que morí, defendiendo mi posición con el revólver, la verdad es que nadie atacaba. Me habían dicho, a mi y a otros: ahora va a ser como si el ataque de antes fuese ahora, y vosotros, la tropa inglesa, os estuvieseis defendiendo. Y tú, sargento, a ver si sabes morir con gloria. Y eso hice yo. Morí con gloria y con mucho gusto. Lo que mola morir así, después de haber visto morir a los héroes en tantas pelis. Lo curioso es que me di cuenta de algo: resulta que morí dos veces. Sí, morí dos veces o me mataron dos veces, que para el caso es lo mismo. En la película se ve cómo atacan los indios y cómo entran en el fuerte, y yo soy uno de los que al entrar mueren en el ataque, como antes he explicado. Y.... cuando cambia el plano, se ve cómo un sargento indio, con uniforme inglés y al frente de unos soldados, intenta rechazar a los indios, disparando y muriendo también en el intento. ¡Y soy yo mismo! Yo me ataco, yo me rechazo y me muero matado por mi mismo, al mismo tiempo que también mato al que me mata, que resulta que también soy yo. Qué lío. ¡Hay que ver!

Claro que, a ver quién es el guapo que me reconoce... Ni yo, que he visto la peli tres veces, he logrado reconocerme en mis dos muertes. Todo ocurre tan deprisa y hay tanto barullo, que después de intentar verme por tres veces, ya he perdido la esperanza.

Luego, tuve que desprenderme de la barba. Una lástima, con lo bien que me quedaba. Me dijeron que lo había hecho de maravilla, que había quedado precioso ese primer plano del sargento indio muriendo con honor. Claro que fue una pena que no me pagaran más que a los otros extras por mi gloriosa actuación, pero me dijeron que para los próximos días, y antes de empezar el rodaje, les dijera que yo era el que había hecho de sargento indio y que me irían dando papelitos mejores que el de simple extra para hacer bulto.

Pues eso.

R. M.: Un paseo con Ángela


Aquella mañana, recién comenzada la primavera, me desperté de excelente humor. Salí a la terraza y decidí dar un paseo.

Llamé a Ángela. Ángela era rebelde y no le gustaba aceptar órdenes de nadie; ni siquiera de mí. Claro que, aunque no le gustase, no tenía más remedio que obedecer. Yo alimentaba a Ángela y recibía todos mis cuidados. Gracias a ellos podía disfrutar de un confortable techo donde cobijarse y poder llevar una vida enteramente regalada.

La mañana era tan espléndida que invitaba a variar la rutina de los grises días anteriores. Le hice un ademán pero prefirió ignorarme.

Ángela, cuando decidía ser rebelde, me sacaba de mis casillas. Lo sabía perfectamente, pero ella era así, era su forma de rebelarse. Quizá, en el fondo, le agradaba desafiarme para que entonces yo le demostrase mi cólera y, finalmente, arrepintiéndome de haberle maltratado, le colmase de caricias y pusiese más atención en sus cosas.

Ángela tenía una estampa preciosa. Su estilizado y bellísimo cuerpo, pleno de exuberantes encantos, era como un hermoso sueño y atraía todas las miradas y todas las envidias. Sus plumas azules, de brillantes y cambiantes tonos según de dónde recibiese la luz, eran la admiración de cualquiera que pudiese contemplar sus evoluciones.

Cuando llamé de nuevo, esta vez en voz alta y algo enojado, cambió de actitud viniendo rápidamente a mi lado, agachándose ante mi. Me extrañó; esperaba su acostumbrado desdén, y en lugar de ignorarme como al principio, se mostró solícita y amable.

Dime, Ángela, le pregunté mientras subía encima de ella, ¿Cómo estás hoy? Te encuentro algo distinta; ¿estás bien? Naturalmente, yo no esperaba que ella me respondiese, no solía hacerlo. Sin embargo, ese día todo eran sorpresas. Sí, estoy muy bien, me dijo con una voz tan sensual que todas mis terminaciones nerviosas se pusieron de punta. Y añadió con dulzura: ¿Qquieres dar un paseo solamente, o deseas cabalgarme? Deseo cabalgarte dando un paseo, le respondí con voz ardorosa mientras me acoplaba de forma adecuada. Y Ángela, conmigo encima, se lanzó a los aires desde la terraza, volando majestuosamente como solamente ella sabía hacerlo, mientras sus hermosas plumas azules destellaban, lanzando fulgurantes rayos al reflejarse en ellas el dorado sol de la mañana.

R. M: Sí, madre, sí


—¡Manuel, hijo! ¡Cómo te estás poniendo de chorizo!

—Lo sé, madre, lo sé.

—¡Lo sé, madre, lo sé! Siempre me respondes lo mismo, pero estás tan gordo que pareces una tinaja. Y lo malo es que ya no puedes salir por la puerta ni para ir a la escuela.

—¿Y qué culpa tengo yo, madre, de que la puerta sea tan estrecha y de no poder salir por ese motivo?

—¿Estrecha? ¡Pero si eres tú el culpable, so bárbaro, que estás tan gordo que no cabes ni en la cama! ¡Yo no te he criado para esto! Pero mira, ahora mismo te pongo solución.

—¿Qué solución, madre?

—Lo vas a ver en seguida. Te voy a recortar por los lados y verás cómo ya podrás pasar por la puerta.

—¿Qué? ¿qué me va a recortar usted por los lados con ese cuchillo?

—Eso es, hijo.

—¡No se atreverá usted, madre!

—¿Qué no me atreveré? Vas a ver tú si me atrevo o no. ¡Ven aquí! ¡No te me escapes, que no puedes ir a ningún sitio!

—¡No, madre, no! ¡no me recorte usted, que me mata! ¿Es que no se da cuenta de la barbaridad que me quiere hacer?

—Vamos a ver. Si dejas de comer chorizo, no te recorto.

—¡Lo dejo, lo dejo! Mire usted, aquí dejo el chorizo y no lo vuelvo a tocar.

—Vale, pero hay que ver, que cada día tenemos la misma historia para que dejes de comer. Como mañana vuelvas a las andadas, te aseguro que entonces si que te recorto de verdad.

—Sí, madre, lo que usted diga, madre, pero déjeme que me termine esa puntita de chorizo que me ha quedado...

—Bueno, pero nada más que la puntita, ¿eh?

Doctor Slump: La verdadera sabiduría


Después de toda una vida dedicada a la lectura y el estudio, un día el azote de los iletrados, el campeón de la ortografía, el maestro intransigente, el brillante filólogo, el distante erudito, el purista del lenguaje, el fustigador de las masas, el crítico exigente, el analista implacable, el ilustre académico, don Leandro Cifuentes, descubre que nunca ha leído nada que le haya emocionado tanto como “te qiero mucho avuelo”.